Publicado el Deja un comentario

Una chispa entre un millón

A raíz de la reciente convocatoria de nuestros relatos solidarios, me he parado a pensar en la cantidad de cuentos, libros, artículos y textos que caen en nuestras manos a lo largo de nuestra vida. Muchos de ellos nos gustan, otros muchos no, algunos nos dejan indiferentes y tan sólo unos pocos nos llegan directos al alma. De alguna forma especial conectan al instante con nosotros y nos atrapan, nos enganchan y se nos quedan para siempre en el corazón.

¿Qué tiene que tener un texto para llegar a provocar esos sentimientos en nosotros?, ¿se puede trabajar o aprender para llegar a tener ese don, o es algo innato que sólo poseen algunos afortunados? Ya hemos hablado otras veces sobre las técnicas de escritura, y cómo, trabajándolas, podemos llegar a poseer una buena técnica para convertirte en un gran escritor. Si además estas técnicas las adquirimos desde que somos tan sólo unos niños, las posibilidades de llegar a ser un buen escritor se multiplican por mil.

Pero hoy no hablamos únicamente de grandes escritores, hablamos de esa “chispa” que unos tienen y otros no y que hace emocionarse al lector. Puedes ser un reputado escritor y no tenerla o ser un escritor aficionado, desconocido para el gran público y tenerla. Por supuesto, una técnica depurada y una singular forma de crear, mezclar y esculpir las palabras, harán que un texto sea considerado como una gran obra, pero hay algo, casi mágico, que nos hace cruzar esa delgada línea entre lo correcto y lo soberbio, entre lo bonito y lo bello, entre simple lectura y emoción.

Cuántas veces nos hemos levantado pensando en cuándo podríamos tener un rato para poder avanzar en una historia que nos tenía enganchados, aprovechando cualquier momento libre para avanzar aunque fueran sólo dos páginas. Cuántas veces nos hemos metido tanto en un libro que nos parece estar dentro de él, que vives los sentimientos de los protagonistas como si fueran tuyos y cuántas, cuántas veces hemos sentido pena al leer la palabra “fin”. Eso sólo lo consiguen unos pocos, aquellos que son capaces de emocionarse también al contar una historia, al implicarse al hacerlo, al sentir cada palabra, aquellos que tienen esa “chispa” que no se puede tocar, comprar ni vender. Se tiene o no se tiene.

Y tú, ¿tienes esa chispa? No te quedes con la duda y ¡¡descúbrelo!!

Susana Martín

Periodista y bloguera

Publicado el Deja un comentario

Enseñando a escribir…

Hoy me he encontrado en el Facebook de TREGOLAM un artículo muy interesante. Viene del blog de José Luis Ibáñez, periodista especializado en información literaria y editorial. Las dos preguntas que se plantea el periodista en el artículo son: ¿Se puede aprender a escribir? y ¿se puede enseñar a escribir? Rafael González, filólogo y profesor da una fórmula que me parece muy acertada: Literatura = Talento + Técnica literaria.

El talento es algo que se tiene o no se tiene, pero también se puede potenciar, como dicen en el artículo. También dicen que la precocidad en este sentido (lo dice George Steiner) solo se da en las matemáticas, el ajedrez  y la música y que la grandes novelas, por ejemplo, son fruto de la madurez técnica. En este punto discrepo ligeramente y creo que también hay niños con unas increíbles capacidades para la creación literaria y poética, desde muy pequeños. Por eso nace el proyecto Quijote 360.

Respecto a la técnica, también considero que se puede enseñar y aprender. Y como en la música o en el deporte, llegar a la excelencia depende del esfuerzo. Repetir una y otra vez. LLegar a ser grandes escritores se consigue escribiendo y reescribiendo sin descanso.

Yo creo firmemente que sí se puede aprender y enseñar a escribir. Trabajamos con algo etéreo que son las ideas, y en la creatividad uno puede estar más o menos iluminado, pero también trabajamos con el lenguaje, con palabras, que son tangibles y visibles. Y considero que hay maneras de mezclarlas que son mejores que otras. ¿Por qué nos gustan los libros que nos gustan? ¿Por qué algunos se convierten en auténticas obras maestras? Por las historias que cuentan, sí, pero también por la forma en la que han elegido las palabras para contar esas palabras. Y eso se puede observar, analizar. La mejor manera de aprender a escribir es, sin duda, leyendo.

Os dejo el enlace al artículo de José Luis Ibáñez:

¿Hay que ir a la escuela para ser escritor?

 

Laura Bermejo

periodista y escritora