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Videoarte LGTB, rompiendo el paradigma: El Videopride

Hoy, ante la proximidad de la sexta muestra consecutiva de videoarte LGTB dentro del marco de la semana del Orgullo de Madrid, he tenido el placer de reunirme con dos de la comisarias veteranas de una plataforma para la difusión de creaciones audiovisuales que trabajen y desarrollen discursos LGTBI, queer y de género que cada vez encuentra una consolidación más definitiva junto al patrocinio del propio Ayuntamiento de Madrid y la labor organizativa de Arcópoli, asociación LGTB de las que las propias comisarias Izpia Batres y Emma Solano son miembros desde hace años.

         Nos sentamos a hablar de cambio, de la necesidad de transformar y reivindicar espacios de representación en el ámbito cultural, introduciendo nuevas reflexiones a través del lenguaje radical y subversivo que ha ligado históricamente a las identidades disidentes y el videoarte, y del potencial de eventos como este para conseguirlo, todo encuadrado a través de una mirada sabia, activista, con el fin último de la erradicación de la LGTBfobia a través de la experiencia compartida de realidades. Pegamos un breve repaso a la historia de los medios de expresión en España y de su capacidad catalizadora del cambio de cara al evento, este jueves 4 de julio en el Museo La Neomudéjar (Calle de Antonio Nebrija, S/N, 28007 Madrid) a las 19 horas. Nos pedimos algo en una terraza, siento el ordenador a grabar sobre la mesa, y comenzamos.

Javier: ¿De dónde nació la iniciativa? ¿Por qué?

Izpia: La iniciativa nació hace ya seis o siete años y fue realmente por lo importante que consideramos que había sido el videoarte en relación con el movimiento feminista, que desde un principio había nacido, digamos, sin un referente, sin un patriarca “macho”, sin ningún patriarca hombre de lo que haya sido el gran videoarte o el videoarte clásico, y que además nace también en un momento en el que están en auge todos los movimientos por los derechos civiles, la segunda ola del feminismo… entonces queríamos dar visibilidad a esa relación. Nace de la necesidad de crear lazos entre el videoarte y el movimiento LGTB, el movimiento queer… y crear contenido a partir de ahí. Crear cultura.

Emma: Tiene mucho que ver con que las cuatro personas que nos juntamos seamos cuatro mujeres feministas, y dice mucho de porqué se ha elegida esa herramienta, y luego el Videpride tiene una cosa muy particular que en propio nombre lo indica, que es durante el Orgullo, es una reflexión, discurso… sobre las realidades que puedan quedar al margen, y nos parecía importante hacerlo durante la semana del Orgullo, porque es una semana donde hay mucha locura, y se lanzan muchas veces muchas consignas y muchos mensajes, pero queda muchas veces un poco… vacío, por estar tan mercantilizado el Orgullo y haberse convertido en una cosa tan multitudinaria y es una semana donde, a veces, falta precisamente, reflexión.

La historia del videoarte español es relativamente reciente y los pioneros que    comenzaron con su obra en los 70, Antoni Muntadas, Francesc Torres… acabaron desarrollando la obra fuera de nuestro país, ¿se nota esta juventud a nivel formal o temático?

I: Pues se nota en el propio hecho de que la mayoría de las obras que recibimos no son de España. Pero influye no solo lo que es el desarrollo del videoarte, sino el desarrollo en general de la creación audiovisual.

                  E: La diferenciación (temática), en las obras que nos llegan no la puedo hacer entre España y fuera, si no entre países donde hay mayor consecución del tema de derechos LGTB, y países en los que no solo no hay tanto avance, sino donde además hay una represión evidente, a nivel legal incluso. Pueden profundizar más en el tema, y en como lo elaboran, artistas que trabajan en países donde en tema LGTB hay una cierta normalización, una cierta igualdad formal… a diferencia de países de donde nos llegan obras (Iraq, Irán…) donde se tratan los temas, y precisamente ponemos muchísimo en valor que se traten pese a esa dificultad, pero en nivel de complejidad es menor.  

                  I: Por la sencilla razón que en sus países aún se está reinvindicando la liberación de la mujer y la visibilización de relaciones entre personas del mismo sexo, mientras que en otros países que van por delante en cuestión de derechos la reflexión se plantean cuestiones de género, cuerpo…

                  E: … incluso relacionar el tema LGTB con el capitalismo, neoliberalismo… nos han llegado obras muy interesantes sobre las vivencias de chicos gays y bisexuales en apps para ligar y el cuerpo en relación con otros en esas aplicaciones, que no te encuentras en otros países donde se reinvindica simplemente el derecho de que esa relación pueda existir.

Tanto en las obras pioneras como en las que se desarrollaron a medio camino, Eugenia Balcells, que a través de la videoinstalación realizaba una crítica al uso de imágenes violentas, hay una reinvindicación crítica. ¿El videoarte, y más centrados, el videoarte LGTBI, tiene siempre un componente crítico-social?

         I: Yo diría que prácticamente desde el comienzo del uso del videoarte como técnica ha tenido siempre un componente crítico, aunque no fuese utilizado por personas o colectivos discriminados que tuviesen que reinvindicar algo. Siempre ha nacido unido a lo crítico. Es muy difícil establecer cuando nace, pero si decimos que nace en los 60 con Nam June Paik, nace unido a una coyuntura donde están en plena efervescencia una reinvindicación de los derechos civiles, y por lo que yo he podido estudiar y ver siempre se ha utilizado de forma crítica contra lo audiovisual.

E: Eso iba a decir, que ya no solo el contenido, sino que el propio formato, romper con el uso convencional del lenguaje, ya es una crítica a lo hegemónico.

Dentro de esta experimentación, especialmente a partir de los 80, Eugeni Bonet, Toni Serra, Julián Álvarez… ¿Es subversivo el mero echo de experimentar con el lenguaje?

I: Se responde un poco a si mismo, el videoarte es subversivo por la forma de exponer ciertas ideas. Es subversivo con respecto a la forma en la que estamos acostumbrados a recibir las ideas en la cultura audiovisual. Puede romper con todo, desde planteamientos no narrativos, la apropiación de imágenes, la experimentación del lenguaje…

E: Y no solo es la idea que subyace, y la narrativa de la propia pieza, sino también por el tipo de circuitos y lugares en los que se expone ya plantea una manera muy distinta de relacionarte con esa pieza, en comparación con otros géneros de arte. El acercamiento que tiene que tener el público es muy diferente.

Como apunte, en esta edición o en ediciones anteriores, ¿Qué temas detectáis más en las obras?

                  E: Creo que uno de los temas más recurrentes es la relación con el propio cuerpo y como se violenta o se reencuentra una persona con este rompiendo con los prejuicios, ideas o exposiciones externas. Yo creo que se trabaja mucho, desde todas las letras.

                  I: Como se crea la identidad, la forma de representación, la exposición pública…

¿Por qué pensáis que existe esta constante? ¿Por qué pensáis que es una línea argumental tan común la identidad y la deconstrucción del cuerpo humano dentro del videoarte LGTBI?

                  I: Creo que cuando reflexionas de sobre tu orientación o tu interioridad entra en juego la propia relación con tu cuerpo y el tema de como representarlo, y también la representación pública que tú quieres hacer con él.

                  E: Quizás porque la representación del cuerpo es algo que las personas LGTB nos hemos criado escuchando como se habla siempre desde fuera, y es lo primero que te replanteas y sobre lo que te apetece reflexionar de tanto escucharlo desde una forma ajena y equivocada muchas veces. Creo que siempre ha existido esa disonancia entre la narrativa interna y lo que se escucha desde fuera, y entra fácilmente en conflicto.

Probablemente hayáis notado una importante hibridación de lenguajes: publicidad, videoclip, estética camp, kitsch… quería comentaros respecto al concepto de “delito estético”, de Arthur Coleman Danto y su cita de “la opción de hacer algo bello está indicado cuando su ser bello contribuya al significado de la obra”, lo que él mismo denominó, la belleza interna. Dentro del debate entre fondo y forma, y siendo vosotras receptoras de miles de obras de arte cada año, ¿creéis que la excesiva estilización visual de una obra reduce su impacto crítico? ¿Cómo lo habéis vivido vosotras?

                  I: Si, obviamente, pero porque eso lo acaba convirtiendo, aunque no sea su intención, en un producto comercial a veces. Puede acabar convirtiéndose en algo tan excesivamente artificial en su formulación que pierde profundidad. Hemos visto muchos casos, pero generalmente la sobreestilización estética suele coincidir con una falta de contenido. Hay veces que al querer añadir demasiados recursos estéticos puede cansar o desvirtuar el discurso.

                  E: Lo hemos estado comentando viendo obras que, aunque la propuesta nos gusta, abusa de tantos elementos que, sin ellos, el mensaje llegaría mucho mejor o la obra se entendería mucho mejor.

Esto va de la mano de esta preconcepción que existe de que el videoarte o el arte contemporáneo en general tiene que ser incomprensible, ¿no? ¿Qué opináis de esto?

                  I: Es que estamos hablando de una forma de expresión que utiliza ciertos recursos o utiliza determinadas referencias que solo un determinado tipo de público está dispuesto a comprender. No es que sea incomprensible, pero es que a veces solo determinadas personas cercanas a la temática que se esté tratando pueden entender del todo. Pienso que a veces se dice que se dice en forma de exageración. Yo probablemente lo haya dicho, “si no se entiende es videoarte”.

                  E: Utiliza códigos estilísticos a los que no estás acostumbrado, menos habituales para el gran público, pero si aprendes a decodificarlos y tienes interés la palabra “rara” ya no funciona ahí. Son simplemente son otros códigos, y también los puedes disfrutar.

La propia historia del arte contemporáneo incluye una ruptura de un paradigma, la ruptura de cánones clásicos para mostrar la expresión de la singularidad y la individualidad del artista. Cuando el artista es LGTBI+, ¿es subversivo el mero hecho de mostrar la interioridad de un colectivo poco o mal representado? ¿Es activismo? ¿Existe un potencial de cambio en ello, en el mero hecho de enseñar?

                  I: Si, claro, siempre que le das visibilidad a algo que no tiene una presencia pública dentro de la cultura hegemónica estás siendo subversivo.

                  E: Una de las herramientas de reinvindicación del colectivo LGTB que no lo pueden tener otras realidades que también luchan y reinvindican es la visibilidad. Somos muy machaconas siempre con ese tema, con aparecer, ser y comentar… entonces simplemente producir obras y materiales sobre este tema y enseñarlas, reunirnos para verlas, hablar de ellas… solo con la mera visibilidad ya estás haciendo activismo con eso. Luego si ya encima, los temas que se tratan tienen una profundidad, pues se va sumando, pero solo el hecho de tener la muestra es activismo y es crítico porque una de la reinvindicaciones que tenemos es que no nos dejan existir.

¿Subvertir la experiencia estética puede llevar a subvertir principios sociales?

                  E: Quizás eso sea algo que se pueda dar más en otros circuitos. Yo siempre que se habla de activismo, en general, yo creo que el activismo hay que hacerlo a dos velocidades. Es decir, un activismo de puertas hacia fuera, para explicar a todas las personas que no formen parte del colectivo quienes somos, que queremos… volviendo al tema de los códigos y el lenguaje pues de una manera más general, que se asimile de forma fácil. Y luego, para ciertas personas que ya hemos asimilado ciertos códigos y lenguajes, hay un activismo interno que se presta a la reflexión de ideas más profundas y más complejas, y creo que eso es lo que pasa precisamente con el videoarte. Es decir: sí transforma de alguna manera los principios de la sociedad pero no es una incidencia tan directa como otros medios culturales. Creo que es más una reflexión para personas que ya están sensibilizadas e interesadas con este tema, mucho más profunda y mucho más crítica.

¿Y por qué este espacio? La Neomudéjar.

I: Por la importancia de la Neomudéjar respecto al videoarte, se ha convertido en un referente en lo que es la curación de este y tiene un archivo queer. He hecho recientemente un festival.

E: Y es un espacio que atrae a gente que en otros espacios no se acercarían. Que ya saben que si ahí se está acogiendo una muestra de videoarte, tienen una confianza y de otra manera no se acercarían. En ese sentido funciona bastante bien.

Esta pregunta es bastante mítica, ¿pero habéis recibido más obras de hombres o de mujeres?

E: Hombres.

I: Hombres, siempre.

Pues aún me sorprende la respuesta, ¿por qué pensáis que es así?

E: La respuesta también es muy mítica.

I: Simplemente por el acceso a ese tipo de medios.

E: O el acceso a tener palabras tan propias y la confianza por parte del artista de decir “yo tengo algo que decir” o “yo tengo algo que contar”. Intentamos mirar esas cosas y cuidarlo mucho pero la proporción de propuestas no tiene nada que ver.

I: Recibimos obras de países donde las mujeres no tienen ni las libertades mínimas para poder filmar una pieza de videoarte, y en países donde sí que puedan, existe la idea cultural de que es el hombre es el que tiene algo que contar.

E: Cuantas piezas de videoarte habrá guardadas en ordenadores que no se han enviado porque hay mujeres que piensan que no tienen nada interesante que contar.

¿Y las obras provenientes de artistas trans?

I: Ahí depende también muchísimo del país de origen. En los países en los que ha habido menos avance todavía existe la reinvindicación de la visibilización mientras que en los país en los que está más avanzado ese reconocimiento está más presenta la relación con el cuerpo, como lo perciben… hay cada vez más artistas que se identifican como agénero.

E: … o que cuestionan el binarismo. Mientras que desde otro tipo de países no cuestionan el binarismo sino que trabajan desde él para poder reinvindicar su identidad.

Por último, ¿tenéis futuros planes para el VideoPride? ¿Quizás llevarlo a la vídeo-instalación o vídeo-acción (performance) en entregas posteriores?

I: Lo que nos gustaría es hacer una exposición temporal, no dejarlo en una muestra de un día.

E: Por un lado lo que hemos intentado crear durante todos estos años es crear marca, que la gente se sienta interesada porque su obra aparezca en el Videopride, y que se la reconozca, porque además creemos que hay carencia de eventos de este tipo, principalmente en Madrid, que es donde trabajamos. Queremos asentarnos como la propuesta que cubre este tema y cubre la carencia que hay, y que no se quede solo en una muestra.

¿Queríais señalar algo más?

E: Creo que si que es necesario señalar que esta muestra la organiza una asociación activista (Arcópoli), sin ánimo de lucro, y que al igual que el interés principal de la asociación es hacer una incidencia política, y una incidencia en la sociedad, ese es el espíritu que mueve tanto la manera de organizar la muestra como los contenidos que se seleccionan. Quiero decir, a la hora de valorar y juzgar que entra y el orden de exponerlo tenemos en cuenta ese principio activista que otros eventos culturales o muestras de videoarte pueden no tenerlo, y que no es mejor ni peor, solo es algo que creemos que nos caracteriza y que tiene que ser importante.

                  Y con esta nota necesaria, demandante de cambios y combativa, después de más de mil setecientas obras recibidas la sexta edición de esta convocatoria que pide ahora más que nunca el intercambio que voces que alteren y nos lleven a plantearnos realidades disidentes. De considerar la expresión más outsider y fuera de la norma como un motivo más de meditar la cantidad de cosas que la mirada de otros puede cambiar.

Javier Álvarez Palma

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